«Turbulencias en Westminster»

Nota de Opinión de

Pablo García

Analista político y económico – Tesista en Licenciatura en economía

Días cargados de incertidumbre, especulaciones y operaciones políticas terminaron con Teresa May limpiando los muebles de la famosa y lujuriosa residencia de la puerta “Number 10”.

Todo comenzó el 23 de Junio de 2016, o empezó a hacerse visible al menos. David Cameron llegó, en 2015, a ser propuesto como Primer Ministro con la propuesta de fortalecer al reino británico, y al Partido Conservador y Unionista, mediante la consulta popular sobre que debía hacer Gran Bretaña de cara a su participación en el bloque económico europeísta, stay or leave?

La verdad, es que nadie se esperaba que Cameron convoque al referendo, básicamente porque era una mala idea. Casi todo el arco político británico estaba de acuerdo en que una pregunta tan importante, con tantas implicancias directas en el modelo productivo-distributivo y en el entramado social, no puede tener respuestas polarizadas, sin consensos, ni participación popular activa.

En un principio, ni el congresista Michael Gove, ni el lobbista Matthew Elliot, ni el exalcalde, congresista y Canciller Boris Johnson, ni el propio comandante de campaña de Vote Leave, Dominic Cummings, tenían idea de lo fructífera que iba a ser la inclusión de AgreggateIQ y Cambridge Analítica para poder lograr lo imposible, ganarle a una alianza transversal formada por todos los partidos tradicionales (excepto UKIP y el partido Tory), que contaban con el equipo de campaña del recientemente electo Cameron, la campaña Britain Stronger in Europe.

Volviendo al 23 de Junio, aquí la parte conocida. La campaña separatista venció por 4% de los votos afirmativos, a pesar de las denuncias por irregularidades en la campaña electoral, en gastos de campaña y por el contenido falaz de gran parte de la campaña. A los 20 días Cameron abandonó Westminster, y asumió Teresa May, con la promesa de llevar a cabo el mandato popular, formalizar la separación de Gran Bretaña del bloque continental. De más está decir que no lo logró, no obtuvo acuerdos internos y su poder en el Partido Tory se disipó. Intentó 3 veces consensuar un documento de salida progresiva de la Unión Europea pero, a pesar de la mayoría conservadora en Westminster, no lo logró, incumpliendo los plazos para la salida del bloque continental después de transcurridos dos años desde el comienzo del protocolo. Un protocolo que se activó cuando May estuvo lista para apelar al artículo 50 del Tratado de Lisboa, como abandonar el bloque.

Con May saliendo de la escena política, la residencia de la puerta Number 10, y el cargo de primer ministro, lo ocupará Boris Johnson, el líder actual del Partido Conservador (Tory). Johnson es un excéntrico y muy popular cuadro político de la derecha más guardiana del Establishment. Fue dos veces alcalde de Londres, y mostró un pragmatismo propio de un déspota. Tuvo una gestión liberal siendo un conservador, y como articulista se posicionó en ambos lados de la grieta separatista.

Boris Johnson es doctrina del shock, es relaciones impulsivas, es la versión potenciada del populismo de derecha que encarna Trump, es un zapatazo al tablero político internacional pero, por sobre todo; Boris Johnson, el padre de 5, exesposo de 2, es Brexit al costo que haya que pagar. Es Brexit, no importa que haya que hacer creer a la gente. Es Brexit, y aranceles más rígidos con sus vecinos, es Brexit y es un revés en las relaciones internacionales con Argentina, un golpe a las exportaciones que parten desde éste subcontinente hacia la vieja potencia imperial.

Esperemos para ver como reaccionan las estructuras partidarias a la llegada de Johnson al poder, y prestar minuciosa atención a las, seguramente, venideras renuncias del gabinete que recibe Boris.

Llega Boris a la puerta Number 10. Agarrense fuerte, hay turbulencias en Westminster.

 

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