La cadena cervecera argentina no pasa un buen momento. Atrás quedaron los días donde era protagonista dentro del centro productivo nacional. Ahora, su gran preocupación es sostener el ritmo de crecimiento, frenado por el impacto de la crisis.

El país produce 20 millones de hectolitros, casi 99 por ciento para el mercado interno, que está estabilizado en un consumo de 45 litros per capita anuales. Pero después de un año sin crecimiento (en 2018, la expansión en ventas hasta abril se perdió en los meses siguientes), el primer trimestre de 2019 terminó con caídas de 2% interanual.

Para volver a crecer, la principal apuesta de las compañías es quebrar la estacionalidad de la cerveza, cuyo consumo se concentra en el verano y durante los fines de semana. También incentivar nuevos hábitos de consumo con envases más chicos (porrón y lato) asociados a la comida diaria.

Estos datos fueron difundidos por Alejandro Berlingeri, director ejecutivo de Cerveceros Argentinos, grupo que reúne a los ocho principales actores de la cadena, desde productores de cebada como Cargill hasta fabricantes como Cervecería y Maltería Quilmes y CCU Argentina.

Para recuperarse, el sector puja por bajar la presión fiscal sobre el producto, que es de 52,5%. El rubro paga 10.548 millones de pesos en impuestos por año, cifra similar a todo lo que aporta el Monotributo. “Cada vez que se carga más impuestos es una traba que complica a la industria. Necesitamos que nos dejen trabajar”, recalcó el directivo.

En esa línea, el director de Asuntos Corporativos de Quilmes, Juan Mitjans, reconoció: “El efecto que generó hasta ahora es que obligó a las grandes productoras a innovar y generar nuevos productos”.

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