Jardín América: Una familia reclama al Estado asistencia integral para su hijo con parálisis cerebral 

La situación de Claudia Liliana Acosta y su familia es paupérrima, desoladora, y de pobreza extrema. Viven en una precaria casa en el barrio San Pedro del Tabay, de la localidad de Jardín América con tres hijos. Uno de ellos,  Alejandro, nació con parálisis cerebral y una cardiopatía congénita, y necesita atención integral: social, médica, alimentaria, infraestructura en su vivienda, agua potable y energía eléctrica.
Reciben ayuda alimentaria del Movimiento Evita de Jardín, pero no alcanza.

Esta familia necesita que el Estado Municipal y Provincial se hagan cargo de validar sus derechos. El diputado Martín Sereno (Partido Agrario y Social), junto a militantes estuvo en el barrio con Liliana y su familia, quien le manifestó su pesar por la situación de su hijo discapacitado.

Después de muchas peleas, idas y vueltas humillantes, recién en 2017 ella pudo obtener el Certificado Único de Discapacidad (CUD) para Alejandro; pero carece -a pesar de su evidente y casi total discapacidad- de una pensión integral; recibe una provincial de 350 pesos que tampoco le llega todos los meses.

Sin baño, agua, ni luz, y la cocina es un lavarropas reciclado
«Este vergonzante para los que hacemos política y creemos en el Estado, que en una zona urbana de Misiones, donde se supone hay mayor acceso a los servicios; existan estas situaciones que con una atención digna, mejorarían la calidad de vida del chico y su madre, que sólo en medicamentos debe invertir 4000 pesos por mes, porque nadie se los provee, a pesar de la condición del joven», expresa el diputado.
La casa de madera y plásticos no tiene baño, agua ni luz. Sólo cuenta con una habitación grande con piso de tierra, dividida por cortinas y la cocina es un lavarropas reciclado.
«Es indignante y nos lastima como sociedad que pase esto en una provincia rica, con funcionarios que no funcionan, y están ajenos al dolor de familias empobrecidas. Son los mismos que tienen como slogan estar «cerca de la gente», cuestionó el legislador.

«Mi hijo merece una mejor calidad de vida»
La mujer requiere ayuda integral; hace mucho que pide que el Estado se ocupe; pero ahora con esta pandemia por el Covid-19, su enorme pobreza queda aún más evidenciada. «Mi hijo padece parálisis cerebral, y tuve que hacer miles de trámites sin respuesta favorable para conseguir una pensión y tenga una mejor atención y calidad de vida».
Su esposo es un hombre trabajador; pero se enfermó de hipertensión y como era camionero, ya no puede manejar, y todo se les complicó. «Quedarnos sin una vivienda digna, algo que nunca pensamos que podíamos pasar. Tuvimos que venir a este asentamiento en San Pedro de Tabay, donde muchas familias como nosotros que no tienen para pagar un alquiler, se asientan en este predio municipal», relata.
Liliana y su marido tenían intenciones de sembrar y criar animales para subsistir; «pero gastamos para sobrevivir el poco dinero que teníamos, y se nos complicó. No es nada fácil arrancar sin dinero.

Lo que más queremos es una mejor vida, como antes, para nuestro hijo; pero lamentablemente fuimos cayendo de a poco, y la única ayuda para él son 350 pesos de una pensión que viene de vez en cuando, y no alcanza para nada».
Alejandro necesita medicación y pañales de manera permanente, entre otras cosas. «Y no tenemos cómo solventar», reitera.

Necesidad de una pensión y obra social

A la mujer le da algo de tranquilidad que su hijo tenga el CUD desde hace tres años, porque «me pedían todo el tiempo, incluso para mantener la obra social cuando mi marido trabajaba; pero después que se enfermó, nos quedamos sin ese beneficio.

Uno de los problemas es la movilidad, no podemos salir sola con Ale, necesito una silla de rueda porque tiene mucha fuerza, no ve bien, y si se tropieza, se cae. Por eso creo que es prioridad una buena pensión para él, que le cubra la provisión de remedios y que podamos mejorar las condiciones de la vivienda», reclama.
En el barrio varias familias se rebuscan para buscar el agua para el consumo diario. Tienen a 300 metros una vertiente, pero está llena de basuras. «El agua buena está a 600 o 700 metros en el invierno, y en verano hay que ir más al fondo, a unos 1000 metros, y es muy dificultoso.
Nunca pensé que íbamos a estar así; pero de verdad necesito, sobre todo por mi hijo que no puede estar sin control neurológico de manera permanente».

Discapacidad que requiere una vivienda digna
La sufrida madre se siente acompañado por sus otros hijos, y su esposo, aunque él, a pesar de la cuarentena y su patología tiene que salir a changuear. «Entre todos nos ayudamos para cuidar a Alejandro, porque yo tengo 46 años y mi cuerpo tiene sus desgastes», dice.
Recurre al Hospital de Jardín ante las urgencias; pero manifiesta que no hay muchos especialistas. «Ojalá se inaugure pronto el nuevo hospital, y se mejore el área del servicio social y las pensiones, y haya especialistas: neurólogos, cardiólogos, y no hablo solamente por mí. Hay mucha gente que recurre al hospital y es muy duro que no atiendan con ganas, y más en casos de discapacidad como el de mi hijo que tiene problemas neurológicos y no habla ni escucha bien.

También duele la falta de insumos, y a nuestro barrio no llega personal de salud, por lo menos para hacer controles a los muchos chicos que hay. Aunque seamos pobres, tenemos derechos, no es justo ni digno que tengamos que vivir en estas condiciones», lamenta Liliana Acosta.

 

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