Bolsonaro reivindica la dictadura de Pinochet

Volviendo a sus raíces. Jair Bolsonaro reivindicó al dictador Augusto Pinochet, de quien es un antiguo admirador, como forma de agraviar a la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet. Da la impresión de que a Bolsonaro le puede su odio a la izquierda, al extremo de que se ha ensañado con la expresidenta chilena y con su padre fallecido, Alberto Bachelet, general de brigada cuando fue detenido durante la dictadura y torturado hasta la muerte.

Lo hizo después de que la expresidenta de Chile advirtiera sobre la «violencia policial» brasileña, en medio de la presentación de su balance anual en Ginebra, Bachelet indicó que «entre enero y junio de 2019, sólo en Río de Janeiro y Sao Paulo, se nos ha informado de 1.291 personas asesinadas por la policía, un aumento del 12 al 17% comparado con el mismo periodo del año pasado».

Ante esto, Bolsonaro no tardó en responder. Y, en medio de una conferencia de prensa en el Palácio de la Alvorada, residencia oficial de la presidencia, dijo: «Señora Michelle Bachelet si no fuera por la gente de Pinochet que derrotó a la izquierda en el 73, entre ellos a su padre, hoy Chile sería Cuba, creo que no necesito decir nada más. Cuando la gente no tiene que hacer va a ocupar el sillón de los derechos humanos de la ONU». provocó el capitán retirado del ejército.

En 2015, en un programa de televisión, Bolsonaro aseguró que «Pinochet hizo lo que tenía que hacer para recuperar a su país». Los chilenos no se olvidaron de sus dichos y, en su primera visita como mandatario a ese país, en marzo de este año, organizaron una masiva protesta en su contra. En el marco de la cumbre del Prosur, familiares de víctimas de Pinochet marcharon en Santiago con carteles que decían «Bolsonaro fascista». Previamente, la oposición presentó un proyecto político para que el ultraderechista sea declarado «persona non grata».

El culto a Pinochet ha marcado la biografía de Bolsonaro: en las últimas décadas, como diputado o como agitador en actos de la ultraderecha, repitió que el gobierno militar brasileño tendría que haber imitado al andino y en 2006 se presentó ante la Cancillería para exigir el envio de un telegrama de condolencias por la muerte del dictador, pedido que fue rechazado. El número de víctimas de la dictadura de Pinochet supera las 40.000 personas, de ellas 3.065 están muertas o desaparecidas entre septiembre de 1973 y marzo de 1990.

El 31 de marzo pasado Bolsonaro ordenó por primera vez en años la conmemoración del Golpe de Estado en Brasil de 1964, que destituyó al presidente constitucional Joao Goulart y hace un mes recibió en el Palacio del Planalto a la viuda del torturador más emblemático del régimen, el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, una de cuyas víctimas fue la presa política Dilma Rousseff.

Al parecer no se conforma con exaltar las dictaduras: se regodea con el recuerdo de los torturados, en este caso el brigadier chileno Bachelet, y los represores más viciados en sangre como el brasileño Ustra.

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